El pedido de renuncia al presidente Danilo Medina

El pedido de renuncia al presidente Danilo Medina

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo).

«Todo poder usurpado es ilegítimo»

SAN PEDRO DE MACORÍS.– Esta semana se caldearon los ánimos políticos ante el pedimento formulado por un grupo de intelectuales y profesionales, quienes solicitaron la renuncia inmediata del presidente de la República, el licenciado Danilo Medina Sánchez.

Esta solicitud ha generado un amplio debate y una evidente polarización. Tanto quienes están a favor como quienes se oponen esgrimen sus respectivas razones. Sin embargo, el meollo del asunto no es simplemente estar o no de acuerdo; lo fundamental es ponderar la realidad política actual y la coyuntura que vivimos, marcada por factores geopolíticos tanto nacionales como internacionales.

Además, debemos considerar el carácter conservador de nuestra sociedad, todavía muy condicionada en sus reacciones públicas por el dictamen del alto clero católico. En política, todo tiene su momento preciso. De ahí la trascendencia de elaborar tácticas y estrategias eficaces que se correspondan con la realidad concreta del momento. No se trata de asumir actitudes emotivas o resentidas, ni de proyectar deseos personales sin sopesar los efectos inmediatos de cada planteamiento.

El análisis de la coyuntura

Es innegable que el movimiento de las Marchas Verdes contra la impunidad y la corrupción ha tenido una amplia repercusión en la conciencia pública. Existe un rechazo creciente hacia estos flagelos que hoy carcomen las arcas del Estado. Es evidente que la clase política que nos ha gobernado en los últimos años ha sido rapaz e insaciable en la apropiación de los bienes públicos.

No obstante, aunque «todo poder usurpado sea ilegítimo», cada acción tiene su tiempo. Extender la demanda hasta exigir la renuncia del presidente Medina Sánchez sugiere un «tremendismo emocional». Como señalé al inicio, la política exige precisión. En el país se presentaron dos escenarios ideales para demandar nuevas elecciones:

El fraude electoral de 2010 contra la candidatura de Hipólito Mejía. El fraude de 2016 contra la candidatura de Luis Abinader.

Ambas situaciones eran propicias para articular movimientos vigorosos de opinión pública, acompañados de agitación social y movilizaciones gremiales contundentes para obligar al Partido de la Liberación Dominicana (PLD) a entender que el país no es su propiedad exclusiva. Sin embargo, esos momentos no fueron aprovechados; todo se limitó a ruedas de prensa y denuncias de «carabina vacía». El conservadurismo primó en esas coyunturas.

La crisis como herramienta de negociación

Tenemos una oposición sumida en una división narcisista. No se trata de llamar a la revolución o a la asonada cuartelaria, sino de comprender que solo creando una crisis política se posibilita la negociación.
El inolvidable líder José Francisco Peña Gómez supo, con su visión política, llevar a Joaquín Balaguer a la mesa de negociación tras el fraude de 1994. Logró reducir el período presidencial de Balaguer a dos años y obtener conquistas institucionales históricas. Lo consiguió porque generó una crisis real. La oposición actual, en cambio, ha sido incapaz de vertebrar una situación que obligue al PLD a ceder. Sus demandas han carecido de fuerza social y se han circunscrito a lo que decida Agripino Núñez Collado, un hombre siempre acomodado al poder de turno.

Propuestas y realidad actual

¿Qué aconseja la realidad actual? Ya lo señalé anteriormente: durante la crisis interna del PRD, propuse demandar en las calles la renuncia de los miembros de la Junta Central Electoral y las Altas Cortes, surgidas del indigno pacto de “las corbatas azules”. Nadie escuchó. La subestimación y la mezquindad ignoraron nuestra propuesta. Meses después, figuras como Hipólito Mejía o Vinicio Castillo Semán coincidieron con planteamientos similares, sugiriendo la necesidad de un gran pacto para reformar la Constitución y las leyes electorales.

El futuro de la Marcha Verde

Al movimiento de la Marcha Verde le falta profundidad en sus demandas. Se ha limitado al caso Odebrecht, pero existen temas neurálgicos que requieren conciencia y movilización: El endeudamiento alarmante: Un peligro real para nuestra soberanía.

El costo de la vida: El precio de los medicamentos y la canasta familiar.

La presión social: Sin ella, ningún gobierno cede.

Estas reivindicaciones deben incorporarse a la jornada cívica. Solo así la indignación pasará de ser un sentimiento a ser una fuerza de cambio político real.

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todo poder usurpado es ilegítimo”

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