Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez
San Pedro de Macorís, 29, marzo, 2019.-
Su cobarde costumbre es lapidar por la espalda,
vegetar entre traiciones y naufragar en olvidos.
Su estruendo intimida a los vacilantes,
pero no a quien carga el peso de su propio destino.
Orgías de blasfemia anuncian su paso; yo escupo, rebelde, ante su coro de iniquidad.
Mi estirpe los condena, mi estela los atormenta,
pues permanezco enhiesto, firme y audaz,
hasta que la sombra del tiempo reclame mi último aliento.
Indomable ante esa legión de farsantes, avanzo en mi senda libertaria con lúcida entereza.
Mi palabra despierta conciencias y desgarra el disfraz de quienes,
arrodillados en su miseria, ovacionan la infamia.
No callaré. No cederé ante su vil felonía.
Mi honor fue templado en el fuego del combate.
Seré la sal que arda en su cauce de odio,
la roca donde colapse su estéril maldad.
