Luis Abinader y los casos de corrupcion en su gobierno

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo)

SAN PEDRO DE MACORIS.— Desde que Luis Abinader Corona se juramentó como presidente de la república en el 2020 ha mantenido un discurso coherente contra la corrupcion y la impunidad, males que fueron frecuente durante los gobiernos de Leonel Fernández y Danilo Medina, en este sentido, ha sido enfático. Aun así, hemos visto con indignación como algunos de sus funcionarios más cercano han echado por la borda esa predica ética y moralista, traicionándolo, incurriendo en hechos execrables, golpeando la amistad y la confianza, que, en su momento, un decreto o un nombramiento puso en sus manos. La perversidad de sus acciones empaña la imagen del gobierno al tiempo de opacar la delincuencia cometida por los gobiernos arriba mencionado, además, nutre a la oposición para poder argüir argumentos distractivos frente a los expedientes instrumentados por el Ministerio Público contra algunos de sus funcionarios.

El comportamiento delincuencial de algunos dirigentes y funcionarios del actual gobierno lo distancia de la línea de principio levantada por el Partido Revolucionario Moderno (PRM) sustentado en su normas y estatutos, no obstante, debemos significar que al momento de recomendar a cualquier dirigente o persona para una posición oficial es de importancia examinar su trayectoria de vida, su aporte a la sociedad y a la comunidad, conjuntamente con su capacidad de trabajo político. En algunos casos se ha preferido al amigo y al que invirtió millones en la campaña por encima de compañeros valiosos cuyo comportamiento de seriedad, honestidad y responsabilidad son ampliamente reconocido. La discriminación social y la exclusión por chismes, intriga y egoísmo han estado presente. Duele decirlo, ha primado los intereses de clase por encima de las condiciones personales. Las clases son las clases y ninguna clase se suicida, incluso la amistad tiene un sello de clase. !Una amarga realidad¡

La diferencia del gobierno de Luis Abinader frente a sus antecesores es abismal, aquellos prohijaron el robo y la corrupcion, siendo cómplices y alcahuetes de los desmanes cometido bajo su administración, en cambio, hoy tenemos un presidente responsable que enfrenta con seriedad el flagelo del latrocinio, aun a riesgo del costo político que ello implica, sabiendo que la oposición siempre estará presta a manipular cualquier situación para tratar de enlodar la presente gestión. Es el precio de la sinceridad y la transparencia frente a cualquier cohecho demostrado. Tal actitud es merecedor de elogios y reconocimientos público, no hacerlo sería una mezquindad propia de necios y adocenados encerrados en resentimientos pusilánimes.

Ante la materialidad de las situaciones engorrosas brotadas en algunas instituciones del Estado, sean estas centralizadas o descentralizadas, y mirando el arraigo de la cultura de la corrupcion cebada por los mandatos anteriores, se impone una revisión rápida del perfil que debe adornar a los potenciales incumbentes en puestos y posiciones gerenciales, hay que dejar atrás el sentimentalismo afectivo, sacralizando relaciones primarias, como si las mismas por si solo garantizara fidelidad y pulcritud en el desempeño público. Las relaciones amistosas tienen su contrario en las mismas pasiones que las imantan, desarrollándose dentro de un contexto de contradicciones que la enriquece o estropea, según los vórtices dialectico de los intereses que la moldean, no comprender la estructura emocional de su curso hace de la misma un vínculo iluso y fetichista, atándola a raíces idealizada al margen de compartir valores de principios, y por demás, anti crítica y fundamentalista envolvente.

Desde el gobierno ignoran u olvidan a adrede que en el «banco” hay meritorios compañeros de demostrada capacidad y talento deseando ser incluido en la nómina gubernamental, los cuales se lo han ganado no solo por lealtad y fidelidad, sino porque, además, han demostrado en la práctica cotidiana que, son confiables y honestos, no aspiran enriquecerse con el Presupuesto Nacional, propio en las elites de ocasión. Hay que «quemar» la nave por doloroso que sea la decisión. Dejemos el amiguismo y la complacencia de clase; actuemos con carácter y sensatez, apliquemos una política humana de solidaridad y gratitud para aquellos olvidados por la voracidad grupal insaciable y ensordecida. Todo político timorato tiende a fracasar. La historia está ahí para juzgar, condenará o absorberá sin apelación paterna a los ególatra patológico sumido en su individualidad mezquina y estrechez de espíritu. Derrotemos la soberbia y la arrogancia encajada en algunos despachos del poder, abramos el abanico de la unidad integral comprendiendo autocríticamente los errores. La lucha contra la corrupcion y la impunidad necesita de dirigentes íntegros. Cambiemos el rumbo de las exclusiones antojadiza y caprichosa protagonizada por funcionarios farsantes, traidores y mentirosos.

Autor: Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo)

 

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