A Leo Martínez en el Febrero enlutado

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez

San Pedro de Macorís, 10-02-2020.-

“La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene”.
– Jorge Luis Borges.

A Leo Martínez en el febrero enlutado.

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez

“La muerte es una vida vivida.
La vida es una muerte que viene”.
– Jorge Luis Borges

San Pedro de Macorís, 10-02-2018.-

La muerte. Tu muerte. Todos morimos, pero la tuya, Leo, llegó de una emboscada insólita, fría y calculada. Fuego soberbio descargó el maldito sincopado; balas, disparos, pólvora en aquella mañana de muertes enrevesadas.

La crueldad iracunda arrebató tu existencia con saña despiadada; fue un inesperado Día del Amor y la Amistad. Con violencia sangrienta cerraron tus pupilas de sol; tu conciencia expiró abruptamente entre gritos, sangre y pánico. El asombro, desde entonces, colmó la memoria.

Manos asesinas quebraron el pulso del «Milenio Caliente». Allí quedó tu cuerpo en cauce carmesí, junto al de Luis Manuel. El asombro los halló envueltos en su propia sangre. Un tropel de voces plañó el entorno, nadie comprendía la tragedia. La lúgubre escena se estremeció ante la brevedad de la muerte. Doble asesinato.

El rectángulo de la oscuridad acechaba el escenario. La intencionalidad macabra se incubó con fuerza de odio, agregando nuevas cruces al blanco jardín exorcizado. Y desde la madriguera mafiosa de tres letras funestas —CEA (Corruptos Embusteros Asociados), conciliábulo para saquear y robar a voluntad—, se inyectó odio al resentido alienado.

CEA: antro de perversidad extrema que motivó la aleve criminalidad. La felonía añadió luto y dolor a sus desmanes desenfrenados; jirones de engaños en el informe presentado, torrentes de inmundicias sobre los crímenes perpetrados.

Reclamos burlados: la impotencia se vuelve cólera y la indignación, cansancio. Crespones de invierno tensan la palidez de bordes abrumados. La indiferencia y la complicidad del poder encubren este drama de sangre, luto y espanto. Un dolor mustio cuelga del crepúsculo, mientras la ciudad —aletargada e indolente— se encierra en su individualidad.

Y tu cuerpo-pueblo, Leo, alzado por conciencias indignadas, flota en latitudes oníricas. En la lejanía de las lluvias, tu voz habita el andén de los crispados; mientras tu nombre, inmarcesible sobre el dolor frotado, se esparce ante la realidad trepidante. Así, consagras tu labor milenaria en la fragilidad de la gratitud humana.

Voces enérgicas claman justicia y castigo, vigilando las manos que encubren el pillaje y el crimen. Mientras tanto, la calumnia ladra con ferocidad y el soborno se paga con la sangre de un febrero enlutado.

¡Oh Consejo Estatal del Azúcar! ¡Oh ladrones indolentes! ¡Oh malvados enquistados! ¡Oh sangre inocente! ¡Festín de ladrones! ¡Oh esta sangre derramada! ¡La intocabilidad del latrocinio ofende la vergüenza humana!

¡Oh Leo Martínez! Locutor, comunicador, maestro… icono inasible de tu “milenaria mañana”; desde labios de auroras grises tu nombre exalta sudores marginados.

Es que tu voz, Leo Martínez, no tiene muerte; ninguna bala la arrumbará; vive en cada febrero de amor; en cada denuncia comunicada en cada dignidad pisoteada. Firmeza ética contra la iniquidad.

La rigidez del misterio consagra tu voz de pueblo, desafiando el poder de los cobardes. Encubiertos en sus mentiras, persisten en su saqueo miserable, confiados en comprar el olvido y el perdón de sus fechorías ancestrales.

Sobre la ignominia encofrada, un amasijo de preguntas perturba la paz de los malvados. Los interrogantes buscan respuestas a esa riqueza malsana, acumulada con sangre, robo y corrupción. La criminalidad, empapelada con el sacrificio de Leo y Luis Manuel, buscará siempre la impunidad del poder.

 

 

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