El equívoco de Giovanni  Di Prieto sobre Idolatría, de Jimmy Sierra.

El equívoco de Giovanni Di Pietro sobre la novela Idolatría, de Jimmy Sierra

Escrito por: Enrique Cabrera Vásquez (Mellizo).

San Pedro de Macorís. He leído con profundo interés literario las más de dieciocho páginas que el prestigioso crítico Giovanni Di Pietro dedica a la novela Idolatría, del destacado intelectual dominicano Jimmy Sierra.Tan pronto el amigo Isael Pérez me entregó un ejemplar de Bestiario Dominicano 3 (Lectura de novelas dominicanas, 2009-2018) —un volumen de 342 páginas— la tarde del domingo 14 de abril del presente año, inicié esa misma noche su degustación cultural.

La obra me ha cautivado; desde que descubrí la pluma del autor, he seguido de cerca su producción intelectual. El académico italiano es un escritor estupendo, cuyo contenido suele generar controversias y debates necesarios en torno a sus críticas a la narrativa dominicana. Es natural, por tanto, que aquellos que no resulten «favorecidos» por sus juicios decidan confrontarlo, asistidos por la razón y la justicia.

El Bestiario 3 cuenta con un prólogo de Miguel Ángel Fornerín, quien ofrece un análisis minucioso de la obra. En su introducción, Fornerín señala que, con la publicación de Bestiario Dominicano 3 (2019), Giovanni Di Pietro concluye su exhaustivo estudio sobre la novelística dominicana. Este proyecto de lectura y análisis crítico comenzó en los años ochenta; en una primera etapa, Di Pietro se dedicó a desentrañar la tradición del género en obras como Las mejores novelas dominicanas (1995) y Quince estudios de novelística dominicana (2006). En este último, el autor seleccionó las piezas que considera más logradas bajo su particular criterio estético.

El listado de las novelas evaluadas por Di Pietro es el siguiente: La reina de Santomé (historia de la vida de provincia), de Guillermo Piña Contreras; Pedro el Cruel, de Rafael Peralta Romero; Rostro de sombra, de Víctor Escarramán; Princesa de Capotillo, de Luis R. Santos; Sobre todas las cosas (un romance de altos vuelos), de Gerson R. Franco; Idolatría, de Jimmy Sierra; Amores extraños, de Laureano Guerrero; El camino de los hombres, de Herman Mella Chavier; Cáceres Placencia: El último guerrillero, de Joel Rivera; No les guardo rencor, papá, de René Rodríguez Soriano; El apátrida, de Roberto Paulino; Elato, de Osiris Madera; La costa: Apartheid dominicano, de Laureano Guerrero; Amor en las redes, de Vicente Beras; La tercera puerta, de Miguel Rodríguez Checo; Payaso al caer la tarde, de Nan Chevalier; Doña Tina, de Ana María González Puente; La necrópolis de los sueños, de Freddie Johnson; La gente detrás del muro, de José Tomás Pérez, y El degüello de Moca, de Bruno Rosario Candelier. En total, son veinte las novelas ponderadas por el audaz crítico literario.

Entre las veinte novelas escogidas en su tercer Bestiario, vapulea acremente a Idolatría, del consagrado militante cultural y trabajador social Julio Samuel «Jimmy» Sierra. Natural de Najayo, San Cristóbal, y criado con fervor en el populoso barrio de Villa Juana, en la capital dominicana, Sierra ha llegado a ser —gracias a su dedicación— dramaturgo, director de teatro, cineasta, cuentista, periodista, historiador, abogado, catedrático universitario y productor de radio y televisión. Es una verdadera autoridad en el ámbito intelectual y, además, un infatigable gestor en beneficio del país; un hombre con tales méritos merece todo respeto y distinción.

En un ensayo biográfico sobre el poeta, periodista y novelista petromacorisano Freddy Gatón Arce, abordo de manera sucinta la obra de Jimmy Sierra. Lo cito dentro del marco teórico sobre el apropiacionismo literario, señalando lo siguiente:

“Este fenómeno de apropiación en la literatura y el pensamiento intelectual se manifiesta claramente en Idolatría, la obra más reciente de Jimmy Sierra. En sus 392 páginas, el autor emplea retrospecciones que revitalizan el relato mediante alusiones a figuras como Pitaco, el brasileño Guilherme, y pasajes bíblicos como la sabiduría de Salomón, el Éxodo y el periplo de Moisés”.

Asimismo, integra fragmentos de Bertolt Brecht, el Quijote de Cervantes y el poema Compadre Mon de Manuel del Cabral. La obra se enriquece con citas de los Siete Sabios de Grecia, referencias a Voltaire, Heráclito, Nietzsche, Sófocles, Lope de Vega, Walt Whitman y Alejandro Casona. A nivel local, dialoga con autores dominicanos como Lipe Collado, Santiago Estrella Veloz, Juan Bosch, Pablo Neruda, Carlos Dobal Márquez, Aída Cartagena Portalatín, y los historiadores Emilio Cordero Michel y Emilio Rodríguez Demorizi. También evoca a clásicos como Balzac, Juan Rulfo y al húngaro Imre Madách. Este vasto entramado referencial no solo dinamiza la narrativa, sino que transporta al lector hacia horizontes que trascienden la lectura inmediata’.»

Considero que Idolatría es una síntesis de ideas, algunas ya plasmadas previamente, sobre el devenir de nuestra historia desde 1961 hasta la actualidad. Su contenido es enriquecedor, ameno y revitalizante; ofrece una valiosa retroalimentación cultural y literaria, constituyéndose como un aporte sustancial y necesario.

El hecho de que Giovanni Di Pietro sea considerado una autoridad en la crítica de novelas publicadas no le otorga una autoridad absoluta sobre la materia. Como errar es humano, él no es infalible; por lo tanto, las ponderaciones que hace sobre la novela Idolatría deben analizarse con cautela, pues podrían estar condicionadas por sesgos dogmáticos.

Idolatría propone un encuentro entre el pasado y el presente bajo una óptica de transformación social. En esta obra convergen tres mentalidades distintivas: la de los marginados que se aferran a la pasividad; la de los opresores que, desde la soberbia, se resisten a cualquier alteración del sistema político; y la de aquellos que, impulsados por la rebeldía, se enfrentan a la estructura vigente para garantizar condiciones de vida dignas a la mayoría subyugada.

Di Prieto enfatiza que la obra de Sierra es fundamentalmente de entretenimiento, restándole así fuerza constructiva. Al respecto, indica: «Podemos clasificar a Idolatría como una novela de fantasía narrativa. Decimos esto porque es muy difícil extraer de ella un propósito específico que no sea simplemente el de entretener a los lectores a través de un texto hecho de interminables ocurrencias inventadas por el autor…». ¡Válgame lo dicho!

Toda novela tiene, fundamentalmente, el propósito de entretener; este es el primer paso para captar el interés del lector y asegurar su atención. Si bien el título es el reclamo inicial, es al abrir la primera página y recorrer el primer párrafo cuando percibimos, casi instintivamente, la relevancia de la obra. La lectura nos rescata del tedio y el aburrimiento; sin embargo, si el desarrollo no logra cautivarnos, el interés se desvanece. Ejemplos de esta capacidad de fascinación abundan en clásicos como Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes, El Señor de los Anillos de J. R. R. Tolkien, la milenaria recopilación de Las mil y una noches o la narrativa contemporánea de Stephen King.

En Idolatría, la novela trasciende el simple entretenimiento al revelar un acontecimiento transformado en tabú por las esferas del poder. Estos sectores persisten en ocultar la trama y la conspiración detrás de aquella masacre contra una población indefensa, arraigada en sus creencias. Este hecho constituye, de por sí, una moraleja que contradice lo afirmado por Di Prieto.

El éxito y la relevancia de un escritor no radican en la obtención del Premio Nobel o de cualquier otra distinción prestigiosa, sino en su base de lectores y en la resonancia literaria de su obra. Idolatraría se ha consolidado como una pieza clave; las diversas críticas y la opinión de los medios confirman su alcance y aceptación social. Además, Jimmy Sierra no es un improvisado en estas lides: su trayectoria certifica su preparación, lucidez y veteranía en el oficio. Su camino, recorrido de menos a más, le ha permitido superar múltiples etapas hasta alcanzar un renombre indiscutible en el ámbito cultural dominicano.

De manera peyorativa y con evidente mezquindad, Di Prieto califica la obra como un «enjambre de ocurrencias que nunca suma a una verdadera historia coherente», alegando que su único propósito es el mero entretenimiento. Nada más lejos de la realidad. El texto se sustenta en una sólida base de acontecimientos históricos, entre los que destaca la Matanza de Palma Sola, trágico suceso ocurrido el 28 de diciembre de 1962 en Las Matas de Farfán, provincia de San Juan.»

Jimmy Sierra transforma este acontecimiento histórico en una narrativa novelesca que, al desglosarse, explora escenarios políticos, religiosos y culturales de profundas implicaciones. El suceso de Palma Sola trasciende el simple episodio violento o el culto popular; según la historiografía, ocultó una conspiración destinada a sabotear la toma de posesión del presidente electo, Juan Bosch. El autor de Idolatría maneja con destreza literaria cómo se instrumentalizó este culto pagano como pretexto para fines políticos de desestabilización

Di Pietro en su mordaz ataque a Idolatría, afirma que la obra es «una especie de panfleto». Sobre este estereotipo caprichoso fundamenta su crítica: «Excluido un auténtico propósito en la obra, y sabiendo que sus interminables ocurrencias solo provocan aburrimiento, es evidente que los lectores nos quedamos exclusivamente con esos mensajes que Sierra insiste en imponernos». Semejante observación es injusta. Ningún escritor, por más que se lo proponga, puede imponer su visión. El autor expone sus ideas, pero el efecto final siempre dependerá de la capacidad emocional, la cultura y la conciencia del lector.

Respecto a este punto, conviene precisar que, debido a su densidad y volumen, Idolatría no puede ser categorizada como un panfleto. Según el diccionario, estas publicaciones se definen por su escasa extensión y por una intención deliberada de denigrar o agredir. La obra en cuestión no solo carece de estas características, sino que, además, mantiene un tono respetuoso, alejado de cualquier ánimo de injuria o difamación.

Calificar la obra de panfletaria es una forma mezquina de minimizarla, restándole fuerza estética y objetividad narrativa.

El crítico literario debe poseer la solvencia cultural e intelectual necesaria para descifrar los códigos y enigmas inherentes a la obra bajo análisis. Es imperativo evitar juicios a priori o prejuicios que nublen el examen objetivo. Dado que las obras —ya sean novelas o cuentos— contienen enigmas interpretativos implícitos, su abordaje suele variar según la perspectiva del analista. En consecuencia, no existe una uniformidad absoluta en el ejercicio crítico, pues las apreciaciones dependen directamente del bagaje cultural y los marcos conceptuales de quien las emite.
Si bien se perciben rasgos de manierismo en los personajes de Idolatría, prima en ellos un desenvolvimiento ágil. A pesar de su origen humilde y la ausencia de educación formal, manifiestan una inteligencia de subsistencia encomiable.

Existe un amplio margen para analizar los fenómenos que permean los hechos: desde signos de divinidad hasta apariciones ‘milagrosas’ que desafían las creencias establecidas. Estas últimas se encuentran rígidamente amparadas por el Estado dominicano a través del Concordato de 1954. No obstante, en los cultos a Papá Liborio y a Catagás, tales manifestaciones desafiaron una teocracia absolutista y despótica, basada en la sumisión y el temor, cuya desobediencia fue castigada cruelmente el ‘día de la masacre de los santos inocentes’.

Idolatría ofrece una mixtura de alegoría, sincretismo y fetichismo popular, manifestada en un carnaval de creencias profundas. El número trece, sus maldiciones y todo vestigio de superstición hallan su lugar en una urdimbre tejida para invocar la suerte o hallar una salida ante la desesperanza y la amargura.

Catagás y el diálogo con Teófilo nos conducen a un mundo fantasmagórico, divertido y pintoresco. Lo que dicen y recomiendan posee tintes angelicales; hay sabiduría, experiencia e ideas extraídas de las entrañas de lo desconocido.

Idolatría contribuye a fortalecer nuestra memoria al consignar la brutalidad de los esbirros y sicarios del Servicio de Inteligencia Militar (SIM) de la dictadura trujillista. Este organismo estuvo dirigido en periodos distintos por el general Arturo Rafael Espaillat Rodríguez (Navajita), y los siniestros coroneles Johnny Abbes García y Cándido Torres. La obra relata las acciones de Balá junto a sus paleros y matones, además de la lucha clandestina de una juventud resuelta que se lanzó a las calles al grito de «¡Libertad! ¡Libertad!

Es el relato de los últimos años, presentado de forma abigarrada y cruda, tal como ha sucedido a lo largo de la historia republicana: con sus incoherencias y contradicciones. Una crónica teñida de sangre y sacrificio; la historia de las fechorías, desmanes y atropellos de una cúpula que aún hoy incide en el destino del país, designa mandatarios a su antojo y se aferra, mediante el uso de la fuerza, a los bienes usurpados.

Di Prieto reacciona con aire ofendido, disgustado y colérico cuando Idolatría señala: «La Iglesia había sido, por más de treinta años, uno de los sostenes más firmes de la dictadura de Trujillo e, incluso, hizo oídos sordos —se dice que hasta estimuló— al genocidio cometido contra los haitianos en 1937. Los Te Deum celebrados cada año por la salud del «Jefe» —como prefería ser llamado el dictador— y por la perpetuidad de su régimen, se contaban por cientos. Todas las iglesias del país fueron centros de adoctrinamiento del trujillismo. A cambio, el dictador suscribió un concordato con el Vaticano, mediante el cual se declaraba a la Iglesia como socia igualitaria del Estado, con privilegios inimaginables. Este matrimonio duró hasta que los Estados Unidos, aterrados ante la posibilidad de que surgiera otro Fidel Castro en el Caribe, decidieron provocar la salida de Trujillo del poder mediante un plan para su eliminación física, ejecutado la noche del 30 de mayo de 1961». Históricamente, pocas obras o escritores habían expuesto con tal contundencia aquella alianza eclesiástica; un hecho que suele pasarse por alto o ignorarse para que se disipe con el paso del tiempo.

Di Prieto sostiene que esta denuncia —un recordatorio de un pasaje crítico de nuestra historia— nace de una animosidad premeditada por parte del autor de Idolatría, vinculada a su ideología marxista. Según este planteamiento, el ataque a la Iglesia Católica representaría un imperativo para el marxismo en su afán de suplantar el orden espiritual por la utopía terrenal. No obstante, este razonamiento parece intentar desviar la atención del lector de la histórica connivencia de la jerarquía eclesiástica con regímenes opresores, omitiendo episodios como el respaldo del Vaticano a las dictaduras de Hitler y Mussolini.

Mantiene su postura iracunda al leer en Idolatría lo siguiente: «Cuando Cristóbal Colón desembarcó en la isla de Haití en diciembre de 1492, su primer acto fue caer de rodillas junto a su tripulación. Mientras tanto, el padre Boil alzaba una cruz de madera hacia el cielo, invocando la bendición del Todopoderoso. Se sellaba así el destino de los nativos, quienes, por la razón o por la espada, se verían forzados a adoptar la fe de los conquistadores.

El arribo de las fuerzas conquistadoras en 1492 interrumpió la estabilidad de la isla bautizada como La Española. La población originaria poseía sistemas de creencias y modos de vida integrados a su entorno, los cuales fueron desarticulados por métodos violentos. El proceso derivó en la esclavitud, el abuso sistemático y el exterminio de los nativos. Según la perspectiva de Di Pietro , exponer estos hechos se interpreta como una hostilidad frontal hacia la institución de la Iglesia católica.

Señales de idolatría: hubo un tiempo remoto en que cada pueblo poseía su propia deidad. Eran tantos los cultos que existió un lugar donde el mismo diablo era venerado como un dios; este se reunía con su contraparte para jugar remy y dominó, apostando la fidelidad de sus seguidores y poniendo en juego sus vidas, familias, honra y bienes. Desde entonces, un estigma define al ser humano: la concupiscencia. La naturaleza humana parece estar irremediablemente inclinada hacia el pecado.

De manera persistente, Di Pietro se afana en señalar que Idolatraría carece de moraleja alguna pues, según él, no tiene nada que enseñarnos. Es decir, que para este laureado crítico, refrescar la memoria sobre la matanza de Palma Sola, la agitación tras el ajusticiamiento del tirano en mayo de 1961 y el golpe de Estado contra Juan Bosch no constituye una lección. Del mismo modo, ignora el peso histórico de la insurrección de Manolo Tavárez Justo y sus compañeros del 14 de Junio (1J4) en 1963, la Revolución de Abril de 1965 (Guerra Patria) y el régimen de los doce años de Balaguer, marcado por asesinatos y represión. ¡Vaya desatino!

En su crítica, no se detiene en la sustancia del libro; su interés es denigrarlo, ridiculizarlo y restarle espacio en el horizonte literario.

Al adoptar una postura persecutoria, el autor compromete su legitimidad como crítico literario. La labor de la crítica debe centrarse en desentrañar la estructura estética, la arquitectura de los personajes y la coherencia del narrador en función de su propósito editorial. No obstante, al asumir una actitud dogmática, el crítico se aleja de la objetividad para proyectar una imagen de infalibilidad que desvirtúa su propio análisis.

Su obnubilación parece haberle hecho perder de vista la esencia misma de la novela. Al respecto, basta remitirnos a la definición de Wikipedia: una obra literaria que narra acciones total o parcialmente ficticias con el fin de generar placer estético. A través de la descripción de sucesos, personajes y pasiones, la novela no solo cautiva al lector, sino que ofrece valiosos insumos para la reflexión personal.

Ciertamente, Idolatría logra su cometido: cautivar estéticamente a quien la lee. Lo consigue mediante una rica integración de metáforas que el lector hace suyas, transitando desde el simple entretenimiento hasta el descubrimiento de moralejas que resuenan profundamente con la vida real.

Di Prieto asume que toda obra literaria —en este caso, Idolatría— debe ajustarse a su gusto personal; de lo contrario, se arroga la autoridad para desestimarla por completo. Esta actitud resulta profundamente perjudicial para la crítica.

Cada escritor tiene su propio público; lo que cautiva a uno no tiene por qué agradar a otro. ¿A cuántos, por ejemplo, podrían no gustarles autores como Avelino Stanley, Andrés L. Mateo, Ofelia Berrido, Tony Raful, Manuel Matos Moquete, Bruno Rosario Candelier, Rafael Peralta Romero o Freddy Gatón Arce? No obstante, esa falta de afinidad no define a estos escritores como malos o mediocres. La identificación con una obra es una cuestión de libre albedrío; después de todo, para gustos, los colores.»

Di Pietro sostiene en su acérrimo juicio que Idolatría gravita en torno a tres ejes: la ideología marxista, a la cual Sierra se siente ligado; la Iglesia católica, criticada desde su óptica ideológica; y el nacionalismo dominicano, el cual condena irrevocablemente dada su postura globalista. Acto seguido, procede a analizar dicha tríada.

En el ámbito social, nada escapa a la lucha de clases. Las relaciones culturales y literarias, así como su ejercicio, están inmersas en este conflicto de intereses. Se debaten con vehemencia ideas y conceptos que evidencian la confrontación entre dos mundos: el bloque adherido al sistema capitalista global y quienes lo confrontan con determinación. Esta rivalidad política suele enturbiar la producción de un pensamiento sereno, pues cada sector se proclama poseedor de la verdad absoluta. No obstante, más allá de estas facciones, persiste una humanidad que sufre desigualdad, opresión y explotación. Existen naciones despojadas de sus riquezas y sometidas a dictaduras que vulneran sus derechos. Ante tales atropellos, cualquier persona con sensibilidad está llamada a la protesta y a la lucha.

Cuando el hombre pensante observa esta realidad, se inclina por identificarse con causas nobles. Se integra a la lucha y se suma a la trinchera del honor y la dignidad; en consecuencia, sus escritos, novelas, cuentos, ensayos y poesías recogen ese sentir, transformándolo en palabras de aliento y esperanza.

Eso es lo que enseña Idolatría: las vicisitudes y el tormento de un pueblo que, desde la declaración de independencia escrita por José Núñez de Cáceres el 1 de diciembre de 1821, proclamó con fervor patriótico: «No más dependencia, no más humillación, no más sometimiento al capricho y veleidad del Gabinete de Madrid».»

Para el señor Di Pietro ser marxista o simpatizar con dicha corriente del pensamiento crítico representa una vergüenza, un crimen y una ofensa para la humanidad. ¡Qué exhibición de sectarismo e irracionalismo fundamentalista! Estamos ante un pensamiento profundamente reaccionario y ultraconservador

La actitud de Di Pietro se asemeja a la de un inquisidor de la época colonial que, a rajatabla, trataba de imponer su criterio distorsionando los hechos y tergiversando lo ocurrido.

Con un aire de suficiencia intelectual, afirmó: «Emilio Cordero Michel, figura prominente de nuestra historiografía, impulsó a la Academia Dominicana de la Historia a reconocer formalmente la contribución haitiana a la soberanía nacional, especialmente durante la Guerra de la Restauración contra España, gesta que consideraba la culminación de la verdadera independencia dominicana.

La realidad histórica es que, para poner fin a la ocupación haitiana iniciada en 1822, se consolidó una alianza estratégica liderada por los Trinitarios, quienes capitalizaron el descontento popular contra el régimen de Jean-Pierre Boyer. En estos preparativos, Matías Ramón Mella desempeñó un rol clave como enviado, reuniéndose con el general reformista Charles Hérard para obtener apoyo en favor de la causa emancipadora. Asimismo, se pactó una unidad coyuntural con el sector de los hateros, encabezado por Pedro Santana, cuya colaboración fue determinante para proclamar el grito de Independencia la noche del 27 de febrero de 1844.

Menospreciar una obra literaria en función de la filiación ideológica o militancia política de su autor constituye un error de bulto. Toda creación debe evaluarse por su rigor estético, su trasfondo humanista y su legado cultural. En lo personal, considero a los italianos Gabriele D’Annunzio y Giovanni Papini, así como a Jorge Luis Borges y Mario Vargas Llosa, entre mis autores predilectos; sus obras representan para mí una fuente inagotable de aprendizaje.

No se puede medir la grandeza y calidad de un autor solo por escribir para favorecer a determinadas élites o justificar atrocidades de las clases gobernantes. A Máximo Gorki se le reconoció como un extraordinario escritor a pesar de su simpatía bolchevique. Del mismo modo, Jean-Paul Sartre rechazó el Premio Nobel de Literatura en 1964; y Pablo Neruda, confeso comunista (marxista-leninista), fue galardonado con el mismo premio el 21 de octubre de 1971. Por encima de la militancia ideológica, se impone la calidad en todos los terrenos.

Pero hay más: ¿dónde queda la encomiable militancia de Pavese cuando leemos, conmovidos, el desgarrador testimonio de El oficio de vivir? ¿Cómo se oculta el liberalismo de Thomas Mann en las páginas de La montaña mágica? ¿Qué clase de ideología podría presumirse en el desasosegador relato de La metamorfosis de Kafka? ¿Cómo no admirar los poemas de Residencia en la tierra de Neruda, incluso por encima de los del Canto General? ¿Qué ideología sustenta el vasto centón de libros de Gómez de la Serna? ¿Quién ha divisado algún atisbo de componente ideológico en las excelsas páginas de Borges o en ese manual de historia literaria que es La novela de un literato de Cansinos Assens? Joyce, quien despreció hasta el último minuto de su vida el feroz nacionalismo irlandés, terminó por inmortalizar a Dublín en el libro de oro de la prosa del siglo XX.

Si Di Prieto se limitara a señalar las carencias estructurales de la obra, ignoraríamos las críticas demoledoras que lanzó contra Idolatría en su Bestiario 3 (págs. 103-121).

Él tiene derecho a criticar cualquier falta que encuentre en la obra o en la novela, pero no a estigmatizarla, arrinconarla o despreciarla de forma tan funesta. Al hacerlo, pierde su objetividad como crítico y adopta una postura de encono, prejuicio y beligerancia innecesaria contra el autor.

Al analizar el papel de los protagonistas históricos en Idolatría, Jimmy Sierra se apoya en el materialismo dialéctico e histórico. Este enfoque dota al texto de una solidez que previene posibles retractaciones y permite confrontar, con rigor, cualquier interpretación superficial o malintencionada.

Según Lucien Goldmann, el crítico debe identificar la homología estructural existente entre la ideología de un grupo social y el pensamiento plasmado en la obra. Para el autor, esta relación es clave para entender el fenómeno literario.

Sostierne el destacado sociólogo y crítico literario, sostiene que el análisis de la literatura no debe limitarse a la obra y la realidad, sino que debe integrar la figura del autor. A través del lenguaje, el escritor erige una cosmovisión propia: un universo de problemas y respuestas que busca llevar dicha perspectiva al límite mediante una estructura literaria. Bajo esta premisa, la labor del crítico consiste en extraer de los textos esa visión de mundo para vincularla con las tendencias de un grupo social determinado. Así, el realismo se define como la creación de un mundo cuya estructura es análoga a la esencia de la realidad social en la que la obra fue gestada.

El intelectual ruso Georgi Plejánov escribió en 1898 su ensayo El papel del individuo en la historia, donde planteó lo siguiente: «Los individuos pueden influir en los destinos de la sociedad. A veces, su influencia llega a ser considerable; sin embargo, tanto la posibilidad misma de este impacto como su alcance están determinados por la organización social y la correlación de fuerzas que actúan en ella. El carácter del individuo constituye un «factor» del desarrollo social solo allí, entonces y en el grado en que las relaciones sociales lo permitan.

Según Di Pietro , la argumentación en Idolatría se articula en torno a tres ejes fundamentales: el marxismo del autor, la Iglesia católica y el nacionalismo. Bajo esta óptica, recordar y denunciar el Concordato entre la institución eclesiástica y la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina se percibe como una afrenta y un agravio dignos de la más severa condena.

Asimismo, es imperativo adoptar una postura firmemente antixenofóbica y humanista frente a la infame Sentencia 168-13, la cual despoja de la nacionalidad dominicana a miles de personas nacidas en el territorio desde 1929, bajo el único pretexto de ser hijos de padres indocumentados. Para Di Pietro este acto no es solo una medida legal, sino una violación flagrante de los Derechos Humanos y una conducta moralmente reprochable. Resulta contradictorio que se pretenda estigmatizar la simpatía por el marxismo como la peor de las causas sociales, cuando es probable que si Jimmy Sierra hubiera manifestado posturas favorables a dictadores como Hitler, Mussolini, Pinochet o Balaguer, estas habrían sido ignoradas o toleradas.

En nuestra historia reciente permanece fresca la memoria de la campaña demoledora contra el gobierno constitucional de Juan Bosch. Esta ofensiva, impulsada por la Iglesia Católica a través de las llamadas ‘manifestaciones de reafirmación cristiana’, fue liderada por los sectores más reaccionarios del país. ¿A qué se debe el teoricismo histérico del señor Di Pietro cuando se afirma, con claridad, que Bosch fue derrocado por un contubernio entre la Iglesia y la oligarquía? ¿Por qué se ofende ante la denuncia del régimen de los doce años de Balaguer? ¿Cuál es el origen de su aversión hacia el marxismo? ¿Desde cuándo un escritor, por el solo hecho de ser marxista, debe ser descalificado de manera premeditada?»

La condena al papel de una organización en la trama golpista se sustenta en la obra de Miguel Guerrero, un autor de reconocida postura anticomunista y estrechos vínculos con la institución. Guerrero señala que ningún sector trabajó de forma tan incansable para derrocar a Bosch como la organización. De hecho, precisa que dicha animadversión persistió años después del golpe, tal como lo demuestran documentos y acciones de la organización cuando Bosch intentó retomar la presidencia. Ante esto, cabe preguntar: ¿por qué Di Pietro no cuestiona estas precisiones con el mismo fervor con que ataca a Jimmy Sierra, a quien acusa de animosidad contra la organización? Es evidente que existe un prejuicio sesgado en su análisis.

De igual manera, se condena al autor de Idolatría por haber incluido en sus páginas la campaña de desprestigio contra el líder del Partido Revolucionario Dominicano (PRD), José Francisco Peña Gómez. El dirigente fue víctima de una estrategia difamatoria y rastrera, respaldada por una parafernalia abrumadora que agitó ánimos y promovió calumnias orquestadas por los sectores más retrógrados de la sociedad. Esta manipulación no solo erosionó su caudal electoral, sino que impidió su triunfo en los comicios de 1994 y 1996.

Asimismo, le reprocha a Sierra su simpatía por los papas Juan XXIII, a quien el texto rinde tributo, y Juan Pablo I (Albino Luciani), de quien se dice fue asesinado en la propia «Casa de Dios». Esto se explica porque el primero fue el llamado «Papa Bueno» e impulsor del Concilio Vaticano II, mientras que el segundo, cuyo pontificado duró apenas un mes, supuestamente intentó sanear las finanzas del Banco Vaticano. Para Sierra, ambos papas guardan afinidad con su tendencia ideológica o, al menos, así han sido percibidos históricamente desde una óptica de izquierda.

En esos criterios existe un abierto cuestionamiento ideológico contra Sierra; una necedad morbosa cuyo propósito es evidenciarlo frente a poderes fácticos afines a los intereses eclesiásticos. Esto ocurre en un momento de alta tensión internacional, marcado por la revitalización del fascismo y la ultraderecha, sectores que exacerban la agresión contra toda disidencia, violentan la Carta de las Naciones Unidas, intervienen militarmente y amenazan con el exterminio de sus oponentes. La actual tensión internacional supera, incluso, el ambiente de la Guerra Fría.

Destaca que Jimmy Sierra domina el realismo mágico «a las mil maravillas», solo para reprocharle que, tras sus recursos pirotécnicos, el trasfondo resulta vacuo. Esta postura no solo subestima la profundidad intelectual del autor de Idolatría, sino que evidencia que el análisis no se centra en la estructura estética de la obra, sino que se reduce a una persecución personal motivada por el ego.

Queda comprobado al decir que no se sanciona lo que Sierra hace en su novela, «sino porque los lectores ya están hartos de obras que no dicen nada, que carecen de ideas y sentimientos, y que solo pretenden establecer su reputación a través del manejo técnico de sus autores». Por el contrario, Idolatría dice demasiadas cosas interesantes.

La refutación a las pretensiones de Di Pietro y su descalificación de Idolatría reside en la enorme cantidad de paneles, encuentros, coloquios y mesas redondas celebrados en el país, Nueva York y Puerto Rico en torno a la obra de Jimmy Sierra. Más de un centenar de escritores, intelectuales y periodistas han participado en estos espacios, expresando opiniones sumamente favorables. A esto se suma la profusión de artículos periodísticos publicados al respecto. Es probable que, en las últimas dos décadas, ninguna otra novela haya acaparado tanta atención, lo cual constituye, por sí mismo, un triunfo y un reconocimiento de la crítica seria en el ámbito literario.

Esta novela ha sido tan impactante que el académico y escritor Rafael Peralta Romero —especialista en Lengua y Literatura por la UASD— afirmó sobre Idolatría: «La mixtura cultural que hace Jimmy Sierra en la historia de Gatagás conlleva una cosmovisión de la sociedad dominicana que ningún sociólogo habría podido explicar; del mismo modo que nadie logró retratar la España del siglo XVII como lo hizo Cervantes en el Quijote».

Y añade: «El autor, consciente del género que aborda, dota a la obra de todos los elementos propios de la novela: desde visiones proféticas de estilo apocalíptico hasta la recreación de sucesos reales y la sátira de personajes y hechos históricos. En este sentido, Jimmy Sierra emula el rastro de Don Quijote y Sancho, entregando una pieza tan divertida como profunda».

Jimmy Sierra siempre se ha caracterizado por un comportamiento humilde, accesible, franco y directo; es un hombre altamente solidario y profundamente humano. Todos sus trabajos, así como su larga trayectoria cultural, han estado al servicio del pueblo sin pedir nada a cambio. Su talento se ha demostrado en diferentes escenarios, donde ha puesto a prueba su temple y vocación social. No necesita de subterfugios ni máscaras para demostrar su capacidad y dotes literarias.

Epiloga sus demoledoras críticas cuestionando las ponderaciones hechas a Idolatría por los conocidos intelectuales dominicanos: Ignacio Nova, Diógenes Cépeda, Bruno Rosario Candelier, Manuel Núñez, Juan Bolívar Díaz, Odalís Pérez, Mateo Morrison, Jeannette Miller, José «Dorín» Cabrera, Leonte Brea, Silvio Torres Saillant, Luis Beiro y Tony Raful.

Según estas opiniones, Idolatría no solo representa un hito en la narrativa nacional, sino que está destinada a perdurar como una obra cumbre en su género. Sin embargo, al analizar ciertos juicios, la experiencia resulta, sencillamente, irrisoria. ¿Subyace acaso el egoísmo o la envidia tras un cuestionamiento tan temerario?»

Di Pietro censura cada una de las opiniones de los intelectuales mencionados, interpretándolas críticamente. Al respecto, afirma: ‘Encontramos que todas, absolutamente todas, son opiniones que pretenden elevar la obra y al mismo autor a espacios siderales’.»

No existen razones para censurar los elogios hacia la novela Idolatría. Es habitual que los autores recurran a colegas o amigos cercanos para comentar su obra; esto forma parte de la estrategia de promoción y busca fortalecer su imagen literaria. No hay falta alguna en ello. Un ejemplo es Bestiario 3, prologado por Miguel Ángel Fornerín, brillante poeta y crítico higüeyano radicado en Puerto Rico, quien además es un gran amigo de Di Pietro . Al final, debemos recordar que «entre bomberos no se pisan la manguera».

Es evidente que en los círculos literarios predomina, con frecuencia, una retórica de mutua adulación; un escenario donde lo impostado se promociona bajo la apariencia de vanguardia o genialidad.

En la parte final de sus críticas, asume una posición autocrítica defensiva al señalar: «Es difícil no estar de acuerdo con lo que se dice aquí, en esta muestra de opiniones críticas. Después de todo, cada crítico, dentro de su función, no hace más que llevar el agua a su molino. Se quiera o no, es así como funciona la crítica literaria en general en todo el mundo, y pretender la absoluta objetividad de los críticos es un auténtico disparate». En otras palabras, para Di Pietro , es normal que un crítico analice una obra literaria desde sus propios prejuicios.

Como él mismo afirma, cada crítico —dentro de su función— suele ‘llevar el agua a su propio molino’. Sin embargo, en este mundo de doble vía, los críticos también son objeto de crítica. Tal es el caso del trabajo titulado Desatinos de Giovanni Di Pietro , escrito por José Carvajal. Según Néstor Medrano, Carvajal es uno de esos escrutadores intelectuales que no hace concesiones en sus juicios sobre la literatura dominicana. Dicho texto fue reproducido en el blog y periódico digital El Coloso de Macorís, medios de los cuales somos director-Editor.»

Carvajal cuestiona frontalmente Bestiario 3, señalando que el primer error de Giovanni Di Pietro fue su incapacidad para justificar el título de la obra. Un texto de tal envergadura no debería limitarse a parafrasear definiciones de diccionario o de Wikipedia, como ocurre en la «Nota del autor». Este enfoque resulta en una falacia que desvirtúa cualquier intención loable. Aunque inicialmente se podría esperar un análisis crítico riguroso, la obra lamentablemente no alcanza el nivel de un académico de fuste.

Y continúa señalando: «Cuando Di Pietro afirma que el título de su libro «de ningún modo debería ofender o desconcertar a nadie», lo hace porque sospechaba que ocurriría precisamente lo contrario. Esa agresividad del título se acentúa al referirse exclusivamente a autores de un solo país, en lugar de abarcar una región o continente. Dado que todos los novelistas analizados son dominicanos, el término «bestiario» puede ser interpretado como ofensivo y discriminatorio.

Y agrega: «La falta de respuesta a mis interrogantes me hace considerar Bestiario dominicano como un libro sin un objetivo claro. ¿Cuál es la propuesta del autor? Ninguna. A pesar de la «linealidad de método» y la «verticalidad de propósito» que Di Pietro se atribuye, este material carece de importancia. No le sirve a la academia a la que pertenece el autor, ni para orientar al extranjero interesado en las letras dominicanas; tampoco promociona a los autores incluidos y ni siquiera funciona como guía para el lector vernáculo, quien termina recibiendo las sandeces derivadas de la desesperación y la falta de profesionalismo que siguen convirtiendo nuestra literatura en una tormenta de paja y hojarasca».

En una entrevista realizada por el reconocido escritor y poeta León David a Miguel Ángel Fornerín —colaborador cercano de Di Pietro y prologuista de Bestiario 3—, publicada en el periódico Hoy el 22 de julio de 2005, el entrevistado sostiene:

«Pienso que la crítica literaria es parte proyectiva de la crítica cultural. Así que, siguiendo el modelo de Pedro Henríquez Ureña, creo que la crítica debe ser cultural en la medida en que es una cavilación sobre los pasos del hombre. La literatura es una de las distintas representaciones de esa característica indiscutible de lo humano: su condición simbólica».

A la serie de cuestionamientos que Di Pietro hace a la obra de Jimmy Sierra, bien le encajan estas líneas de la página 285 de Idolatría: «Los que odian van a ciegas por la vida con los puños cerrados, golpeando a diestra y siniestra sin importarles quién caiga».

“Atrapen todos sus odios, todas sus frustraciones y hagan una pira. Y no se detengan hasta verlo todo convertido en cenizas: el odio es solo humo. Y si lo dejamos fuera, se extinguirá al concluir la llama que lo engendra”.

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