Semanario británico dice proteccionismo de EE.UU. amenaza al sistema económico global

LONDRES, domingo 15 de enero 2023.– El semanario británico ‘The Economist’ fue fundado en 1843. Su objetivo, según declaró en el primer número, era tomar partido en “un agrio enfrentamiento entre la inteligencia, que quiere avanzar, y una ignorancia indigna y pusilánime que obstruye nuestro progreso”. Debajo de esa grandilocuencia, sin embargo, había un asunto de impuestos: su fundador, James Wilson ―un fabricante de sombreros escocés―, se oponía a las llamadas “leyes del grano” que, para proteger los ingresos de los terratenientes ingleses, imponían un arancel a los cereales importados. Esas leyes provocaban que el pan fuera caro y que las hambrunas se produjeran con frecuencia. De hecho, se derogaron poco después, pero el periódico siguió con su propósito: defender una rama singular del liberalismo.

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La estrategia industrial agresiva de EE.UU. provocó un aumento del proteccionismo en todo el mundo, y los daños que causará dicha política podrían ser mayores que sus beneficios.

Desde 1945, la economía mundial ha funcionado según un sistema de reglas suscrito por Estados Unidos. Este sistema globalizado llevó a una integración económica sin precedentes y ayudó a EE.UU., entre otras cosas, a derrotar a la Unión Soviética en la Guerra Fría y a convertirse en el hegemón mundial, afirma la revista especializada The Economist.

Sin embargo, este viejo orden económico global está ahora en peligro. De acuerdo con la publicación, el sistema ya tenía dificultades cuando EE.UU. perdió interés en mantenerlo activamente tras la crisis financiera mundial de 2007-2009. No obstante, «el abandono del presidente Joe Biden de las reglas del libre mercado por una política industrial agresiva le ha asestado un nuevo golpe», señala el artículo.

Para muchos en Washington, esta política industrial agresiva tiene su atractivo porque permitiría a Estados Unidos mantener una ventaja tecnológica sobre China, un país que durante mucho tiempo ha buscado la autosuficiencia en áreas vitales mediante la intervención estatal. También, como se espera, la intervención estatal podría ayudar en áreas donde fracasó la empresa privada, como en la reindustrialización de la zona central del país, entre otros objetivos.

Peligros del proteccionismo

No obstante, los daños que causará esta política podrían ser mayores que sus beneficios. «La consecuencia inmediata, sin embargo, ha sido desencadenar una peligrosa espiral de proteccionismo en todo el mundo», explica The Economist.

Ejemplo de ellos son la India y Corea del Sur, cuyos gobiernos comienzan a apoyar la construcción de plantas de semiconductores. Europa examina al detalle los acuerdos comerciales transfronterizos. Además, los países que disponen de las materias primas necesarias para fabricar baterías están considerando o ya están aplicando controles a la exportación. «Indonesia ha prohibido las exportaciones de níquel; Argentina, Bolivia y Chile pronto pueden colaborar, al estilo de la OPEP, en la producción de sus minas de litio», recuerda la publicación.

Por consiguiente, la política proteccionista, incluso si beneficia a la industria estadounidense, aumentará los costes de los productos, socavará la seguridad mundial, frenará el crecimiento económico y aumentará el costo de la transición verde.

El autor del artículo argumenta también que otra consecuencia problemática de esta política puede ser el descontento de los amigos y aliados potenciales a los que EE.UU. necesita hoy más que nunca, sobre todo cuando su participación en la producción mundial ha caído al 25%. Sin embargo, el proteccionismo estadounidense irrita a sus aliados en Europa y Asia.

«Estados Unidos también debe cortejar a las potencias emergentes», afirma. En esta línea hay que tomar en consideración el hecho de que para el 2050 la India e Indonesia serán la tercera y la cuarta economía del mundo, mientras que para el 2075 Nigeria y Pakistán también ganarán peso económico. Así que, «si Estados Unidos exige que otros países ‘congelen’ a China sin ofrecer suficiente acceso a sus propios mercados, entonces será rechazado por las potencias emergentes».

Además, cuanto más aumente este conflicto económico, más difícil será resolver los problemas que exigen una cooperación global. Si los países no pueden cooperar para abordar problemas, estos serán imposibles de solucionar.

De esta forma la publicación concluye que lo correcto para EE.UU. sería «buscar mantener su superioridad militar y evitar la peligrosa dependencia de China en cuanto a recursos económicos críticos. Sin embargo, esto hace que otras formas de integración global sean aún más importantes».

Sin embargo, según la revista, «salvar el orden mundial requerirá un liderazgo estadounidense más audaz» que rechace el pensamiento de suma cero y adopte de nuevo la idea del libre comercio. The Economist afirma que aún queda tiempo para hacerlo antes de que el sistema económico mundial colapse por completo, «perjudicando innumerables medios de vida y poniendo en peligro las causas de la democracia liberal y el capitalismo de mercado».

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